Bienvenidos a Valdellars y al futuro de la educación

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El pasado 11 de febrero, Ferran Lalueza, profesor del Máster de Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos publicó un artículo en el diario digital La Mañana. Ferran Lalueza, es doctor en Periodismo, autor de la novela didáctica The Show Must Go On y director de la revista COMeIn. Es experto en comunicación de crisis y redes sociales. Ha trabajado como consultor de relaciones públicas en agencias como Burson-Masteller y ha estado co-chair del Barcelona PR Meeting – International Public Relations Conference.


Valdellars es un idílico enclave del pirineo leridano. Si alguien lo busca en un mapa, no lo hallará. Tampoco aparece en Wikipedia. Google, en cambio, ya arroja varias decenas de resultados al teclear este topónimo. Por extraño que parezca, tiene una explicación lógica. Valdellars es la localidad ficticia en la que se desarrolla buena parte de la trama de The show must go on, una novela publicada recientemente por Editorial UOC.

Si bien no es habitual que las editoriales universitarias publiquen novelas, The show must go on no es una novela cualquiera. Es una novela didáctica o, si se prefiere, un manual en forma de novela ideado para propiciar la adquisición de los conocimientos, las habilidades e incluso las competencias actitudinales que se vinculan a la asignatura Comunicación de Crisis y de Riesgo, del máster universitario en Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos ofrecido por la UOC.

¿Puede aprenderse lo mismo leyendo una novela que estudiando de un manual? A tenor de los resultados obtenidos por el alumnado que ha empleado la novela como principal recurso de aprendizaje en la mencionada asignatura (con una tasa de éxito del 97%), la respuesta es un rotundo sí. De hecho, como autor de la novela en cuestión, estoy convencido de que una historia de ficción puede convertirse en una herramienta docente más efectiva incluso que un manual convencional.

En el entorno profesional, a gestionar comunicativamente las crisis se aprende habitualmente a través de simulaciones formativas. Son recreaciones a veces muy realistas de situaciones de crisis ficticias pero plausibles, que propician una experiencia de aprendizaje altamente inmersiva y generan un nivel de estrés equiparable al que puede experimentarse cuando la crisis es real, pero sin que los errores comprometan irremediablemente la existencia y/o la reputación de una entidad. Este tipo de simulaciones, eso sí, tiene un coste casi prohibitivo, de modo que suelen reservarse para altos ejecutivos y no resultan escalables. Recreando la situación de crisis a través de una novela, también hay inmersión (el estudiante/lector se sumerge en la realidad problemática que debe ser resuelta, acompañando al protagonista en todas las decisiones que toma y en las acciones que lleva a cabo para conseguirlo), pero de tal modo que la formación se hace accesible a un mayor número de personas.

Aprendemos de lo que nos emociona

Dado que hoy en día toda organización –grande o pequeña, conocida o ignota, reputada o denostada– es susceptible de atravesar situaciones de crisis, la escalabilidad del aprendizaje no es una cuestión baladí. El empleo de una peripecia dramática como hilo conductor, además, permite aflorar otro factor cuyo peso en el entorno docente está siendo crecientemente reconocido: la emoción. Mientras la realidad tiende a ser prosaica, la ficción nos brinda infinitas posibilidades para provocar emociones. Si consideramos que los hallazgos de la neurodidáctica apuntan cada vez con mayor convicción a que, en último término, solo aprendemos de aquello que nos emociona, el relato novelado presenta un potencial que no deberíamos permitirnos el lujo de desaprovechar.

Al perfecto artefacto de aprendizaje, no obstante, ya no basta con pedirle que emocione; también debería entretener. Y es que inmersos como estamos hoy en una sociedad del conocimiento que convierte el aprendizaje en un proceso vitalicio, el gran rival de la formación universitaria ya no son los empleos escasamente cualificados y relativamente lucrativos de épocas pretéritas sino la infinita oferta de actividades de ocio que tenemos al alcance de nuestra mano. El alumnado de la UOC, por ejemplo, compagina mayoritariamente sus estudios con responsabilidades laborales y familiares, por lo que muchas veces tiene que arañar horas de su tiempo libre para dedicarlas a la actividad formativa. Si competimos con la última serie de Netflix, el partidazo de la semana, la superproducción hollywoodiense de turno, el restaurante de moda o el bestseller de la temporada, tal vez sea razonable pensar que en ocasiones deberíamos emplear también sus mismas armas.

The show must go on juega precisamente a eso. Es una historia de ficción que se desarrolla a un ritmo trepidante en un contexto de alto riesgo donde los errores se pagan muy caros y donde las peripecias personales de los protagonistas se entrecruzan estrechamente con unas aventuras profesionales cuyo epicentro es ese municipio leridano inexistente que responde al nombre de Valdellars.


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