La brecha salarial no entiende de edad ni estudios y, además, se agrava con la COVID-19

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El Día Internacional de la Mujer este año se celebra en un contexto afectado por la COVID-19; cuyos efectos han causado devastadores impactos, también en lo que afecta a las desigualdades de género. Más allá del ámbito laboral, la COVID-19 ha mostrado cómo las mujeres han sido las más afectadas en cuanto a cuidado de personas dependientes (niños, mayores) y la sobrecarga vivida durante el confinamiento dentro del hogar. Sin embargo, también ha mostrado como países liderados por mujeres fueron algunos de los más reconocidos en su forma de lidiar contra la pandemia. Hay que recordar, no obstante, que solo el 7% de líderes mundiales son mujeres

 

Según cifras del Foro económico mundial aún vamos a tardar 257 años en cerrar la brecha salarial entre hombres y mujeres. La desigualdad es aún más patente entre las mujeres con niños, de color, refugiadas, migrantes y con discapacidades. A pesar de décadas y décadas de activismo, y de las leyes de igualdad de género, en el 2021 todavía se hace necesaria la reivindicación, si queremos vivir en una sociedad más sana, justa e inclusiva. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 recogen estos principios. 

 

Centrándonos en la presencia de la mujer en el mercado laboral de la comunicación corporativa y de las relaciones públicas, cabe destacar que en España se trata de un sector con una importante base laboral femenina, que se sitúa por encima de la media, aunque lamentablemente este porcentaje se ve reducido en lo que se refiere a los puestos directivos, según un estudio realizado por ADECEC. De hecho, el 61,3% de los encuestados, tanto hombres como mujeres, sostienen que la brecha salarial es aún muy latente en el sector. Las cinco barreras que recopila este estudio son: el hecho de que la mujer sigue asumiendo el cuidado de hijos y familia (siendo todavía difícil la conciliación y el poder compaginarlo con una carrera profesional con las mismas posibilidades que las de un hombre); la falta de políticas de flexibilidad y conciliación; la falta de transparencia en las promociones; la falta de proactividad para pedir promociones y, por último, el hecho de que se percibe como un sistema masculinizado y en el que aún hay preferencia de interlocutores hombres. 

 

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