Liderazgo y comunicación, ejes para profesionales

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Entrevista a Carlos van Oosterzee, docente de Habilidades directivas, liderazgo y formación de portavoces

Licenciado en Filología, Máster en Lingüística y Comunicación y Postgrado en Expresión y Comunicación por la UB. Colabora en la mejora de las habilidades de comunicación, crecimiento, bienestar y cohesión de personas y equipos. 

 

Fotografía de Carlos Van Oosterzee

  • ¿Cuáles son las claves esenciales para hacer una buena exposición oral?

 

En primer lugar, es muy importante tener un buen conocimiento del contenido sobre el que haremos la exposición, sentir comodidad con el tema sobre el que trataremos, sobre los conceptos y sobre las palabras clave que utilizaremos.

 

A continuación debemos pensar la estructura de nuestra exposición: ¿Cómo empezará? ¿Cómo acabará? Los inicios y los finales son secciones relevantes de nuestra exposición y probablemente serán los fragmentos más recordados.

 

Mediante un buen inicio tenemos la posibilidad de captar la atención de las personas que recibirán la exposición y de generar interés por lo que les explicaremos. Un inicio «formal» incluiría una bienvenida, la presentación de la persona que hace la exposición y la introducción del tema sobre el que trataremos. También podemos optar por inicios más «creativos», como una pregunta retórica o una frase impactante que haga reflexionar a la audiencia, que despierte su curiosidad, para luego presentarnos e introducir el tema.

 

Debemos tener en cuenta, además, cómo acabaremos la exposición, tener clara la frase que utilizaremos como cierre, como por ejemplo una frase resumen, una llamada a la acción o una reflexión personal seguidas de un agradecimiento a las personas que nos han escuchado.

 

Entre el inicio y el final tenemos que dotar a nuestra exposición de un desarrollo claro, con las secciones que sean necesarias para explicar lo que queremos transmitir. Interpelar a la audiencia, hacer preguntas retóricas o contar historias (storytelling) suelen ser estrategias que añaden impacto a nuestra exposición. Tendremos en cuenta también la corrección y la calidad de nuestro lenguaje verbal.

 

¿Quién nos mirará y nos escuchará? Es importante tener presente quién será nuestro público, sus intereses, sus expectativas, qué queremos que entienda y que sienta a través de nuestra exposición, y adaptarnos al contexto y la situación en que tendrá lugar la intervención.

 

Además del contenido, de la estructura y de las personas que recibirán el mensaje, hay que prestar atención a nuestra predisposición emocional: si sentimos tranquilidad y seguridad también las transmitiremos.

 

No podemos olvidar las cualidades paraverbales y no verbales: ritmo, timbre, volumen y entonación de la voz, la imagen personal que queremos transmitir, la postura corporal y la gestualidad facial y manual, que deben acompañar y consolidar nuestro mensaje.

 

Con estos elementos y las dotes e innovaciones personales, tendremos unas bases fiables para realizar muchas exposiciones de calidad.

 

  • ¿Cualquier persona puede ser un/a buen/a orador/a?

 

La habilidad de hablar en público se encuentra dentro de lo que llamamos «habilidades blandas» (soft skills) en el ámbito del desarrollo profesional.

 

Es evidente que hay personas que tienen más facilidad o inclinación personal hacia las intervenciones públicas, y también todo el mundo es más o menos consciente de las propias limitaciones en este ámbito.

 

Dicho esto, la teoría y la experiencia me han demostrado que, a través de una buena formación o consultoría, cualquier persona puede mejorar sus habilidades de comunicación pública adquiriendo conocimientos comunicativos y ganando seguridad y autoconfianza.

 

  • Dentro del campo del liderazgo ¿Por qué es importante el liderazgo emocional?

 

En cualquier tipo de relación interpersonal están presentes las emociones, y son, por tanto, inseparables de la acción de liderazgo.

 

Fueron Daniel Goleman, Richard Boyatzis y Annie McKee quienes primero hicieron referencia a los seis tipos de liderazgo emocional, en su libro Primal Leadership, de 2002.

 

El liderazgo emocional se diferencia de un liderazgo meramente transaccional en el hecho de que tiene en cuenta el componente emocional del estilo de la persona que gestiona otras personas y el efecto que este estilo de liderazgo tiene en cada una de las personas lideradas.

 

Previamente, Goleman ya había establecido las claves de la inteligencia emocional, que, naturalmente, se aplican también en las habilidades de liderazgo.

 

A medida que las personas que realizan funciones de liderazgo van tomando más en consideración las propias emociones y las de las personas con las que colaboran, las organizaciones van haciéndose más humanas.

 

  • El lenguaje no verbal es muy importante y poderoso. ¿Se puede enseñar?

 

El lenguaje no verbal, es decir, todo aquello que expresamos sin utilizar palabras, tiene, como suele ocurrir con otros tipos de lenguaje, un componente innato y un componente adquirido.

 

Por otra parte, el lenguaje no verbal, que suele darse de forma inconsciente, puede hacerse consciente a través de la observación y del análisis.

 

En la mayoría de comunicadoras y comunicadores, la expresión no verbal siempre tendrá esta doble vertiente inconsciente y consciente: la expresión inconsciente le transfiere la necesaria naturalidad y sutileza propia de lo no verbal, y la expresión consciente aporta intención y objetivos comunicativos.

 

Es por todo esto, y por mi experiencia teórica y práctica, que afirmo que el lenguaje no verbal se enseña, se aprende y se utiliza estratégicamente, al igual que el lenguaje verbal. Tomamos conciencia de nuestra expresión no verbal cuando alguien nos hace alguna observación sobre cómo nos comunicamos a este nivel o cuando un/a profesional nos entrena para mejorar en este aspecto.

 

Para indagar sobre el lenguaje no verbal y su aprendizaje puede resultar interesante el enfoque que ofrece la Programación Neurolingüística (PNL) sobre los procesos de modelado (modeling) y de sintonía (rapport), y recomiendo también mucho la obra de la especialista en comunicación Teresa Baró, con libros como La gran guía del lenguaje no verbal (2012), o incluso el más reciente y reflexionado Inteligencia no verbal (2018).

 

  • De tu experiencia profesional, ¿Quisieras compartir con nosotros alguna anécdota o aprendizaje?

 

Tengo que decir que siempre aprendo cuando realizo cualquier formación o consultoría, y también aprendo de mi propio liderazgo del día a día.

 

Recuerdo especialmente la dinámica de estilos de liderazgo en que un miembro del equipo debe guiar a otro, que lleva los ojos vendados, por un recorrido especial entre mesas, sillas y otros obstáculos. Termina siendo divertido y muy revelador.

 

Disfruto ayudando a los equipos a practicar el feedback apreciativo, donde cada uno y cada una de las participantes destaca lo que más valora de cada compañero/a. En estas y otras dinámicas se suele dar una serie de expresiones emocionales positivas que favorecen la empatía, la comunicación, la confianza mutua y la intercomprensión.

 

Respecto a elementos no verbales en mi acción profesional, siempre es satisfactorio y sorprendente aprender cómo el análisis del lenguaje no verbal ayuda a descodificar mensajes no expresados ​​verbalmente. Suele ser un gran descubrimiento para todo el mundo.
También aprendemos mucho, tanto las personas participantes como yo, cuando exploramos las resistencias que pueden aparecer en las exposiciones orales. Estas resistencias son causadas por los nervios de hablar en público, donde se suelen amplificar las inseguridades y los miedos. Es una gran satisfacción cuando las personas aprenden a superar estos pequeños (o grandes) obstáculos.

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